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Tratamiento con Toxina Botulínica ¿Ayuda a los trastornos depresivos?

Actualizado: 30 may 2023


Desde hace muchos años se estudiado acerca el tema. Un grupo liderado por Eric Finzi publicó por primera vez en el 2006 un reporte de ensayos clínicos donde se describió el efecto beneficioso del tratamiento con toxina botulínica en el entrecejo en pacientes con trastornos depresivos. En este estudio realizaron el tratamiento con 10 mujeres que previamente habían sido diagnosticadas con trastornos depresivos colocándoles 5 puntos de inyección de toxina botulínica. Independientemente de si se encontraban tomando o no algún medicamento para la depresión, 8 semanas después del tratamiento, 9 mujeres ya no presentaban sintomatología para ser diagnosticadas con depresión


Luego en el año 2012 Wollmer y colaboradores lanzan el primer ensayo clínico controlado para ver el impacto del tratamiento con toxina botulínica en la depresión. En él un grupo de 30 mujeres y hombres fueron distribuidos al azar para recibir tratamiento con toxina botulínica o placebo siguiendo el protocolo de Finzi. Todos los pacientes del estudio cumplían con el diagnóstico de depresión (de media a moderada) utilizando 3 escalas clínicas diferentes. Además, estos pacientes estaban recibiendo tratamiento con al menos un fármaco para tratar su condición. Los hombres recibieron 39 unidades de toxina botulínica, mientras que las mujeres 29 unidades, respondiendo a las diferencias anatómicas en la masa del músculo del entrecejo. En este estudio, el tratamiento con toxina botulínica mostró una mejora significativa de los síntomas a más del 40% tras dos semanas, siendo el máximo a las seis semanas, y con un índice de remisión total del 33%.


Un segundo ensayo clínico controlado fue llevado a cabo en 2014 por el mismo grupo de Finzi y colaboradores. Participaron 74 mujeres y hombres, que fueron asignados de forma aleatoria para recibir TBX o placebo. No se requería que los pacientes tuvieran un tratamiento antidepresivo pero, quienes estaban tomando medicación, debían mantenerlo estable previo al estudio. Los resultados fueron similares, la TBX demostró una mejora delos síntomas en la mayoría de los pacientes, una remisión total del 21% que no realizaban otro tipo de tratamiento y del 36% en combinación con otra terapia.


La hipótesis del feedback facial


La última hipótesis se conoce como la hipótesis del feedback o retroalimentación facial. Esta hipótesis fue descrita por primera vez en 1988. Se basa en que las emociones expresadas y sentidas influyen una sobre la otra en forma de bucle o loop.


Las personas con depresión presentan una hiperactividad en los músculos corrugadores responsables de manifestar emociones de tipo “negativas”. Al paralizarlos, se inhibe la propiocepción negativa de la cara al cerebro, disminuyendo el refuerzo negativo de las emociones negativas en las personas con depresión.


Ya en el siglo XIX uno de los pioneros en la interpretación de las emociones y descripciones fisiológicas del procesamiento emocional, Williams James, sentenció: “Evita expresar una pasión, y morirá”.


Actualmente se acepta que la contracción de la musculatura facial puede modular la experiencia emocional. En el artículo de Stark, se centran principalmente en estudiar la hipótesis del feedback facial. Para ello hacen un tratamiento del músculo de la glabela con TBX y miden la actividad neuronal en el cerebro frente a imágenes de caras alegres o enojadas a través de resonancia magnética.


Lo que observaron fue que la imposibilidad de hacer la mímica de la emoción, por la inhibición del músculo alteraba el procesamiento de la emoción por un área cerebral llamada amígdala. La misma es parte fundamental del cerebro responsable de la modulación de las emociones.


Estos resultados apoyan la hipótesis de que la función motora periférica es fundamental para la percepción de una emoción y afecta a los procesos cognitivos.

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